De los discursos a la realidad

Ya pasaron cinco meses desde que asumieran las nuevas autoridades de gobierno, asumieron anunciando una revolución de la alegría, que difícilmente se pueda encontrar, lo que si se puede encontrar sin ningún esfuerzo es la confusión de los discursos; esta vez no es un discurso único, sino que son variados y contradictorios pero en su mayoría alejados de los problemas de la ciudadanía en estos días. En lo que se refiere a estos “discursos” el más clásico es el de la grieta, en sus dos versiones la K y la amarilla, luego apareció la herencia recibida y su posterior discusión si fue peor la del gobierno nacional o la que dejara Scioli en la Provincia de Buenos Aires y en el medio las leyes anti despidos de la oposición y los proyectos para fomentar empleo del oficialismo. Carrio que no se podía quedar atrás salio con su boleto para los trabajadores. Por ahora todo simpático y entretenido, no tanto como el culebrón de Fede Bal y Barbi Velez pero entretenido al fin. El problema es la gente y sus problemas cotidianos, el problema es el aumento de las tarifas de los servicios, de los productos de la canasta básica, del transporte de pasajeros; el problema es la incertidumbre de millones de familias argentinas que ven que su clase política, en su inmensa mayoría, habla de temas que le son ajenos. Alguien puede pensar que una persona a la que no le alcanza el sueldo esta preocupado por los allanamientos del Juez Bonadio o por la unificación de la CGT, estos temas son de la política, el hombre de a pie lo mira por TV y no entiende bien que sucede, lo que entiende es que vivir es caro y no llega. Si Macri, Vidal y compañía quieren una revolución de la alegría, además de anunciarla deberían dar señales de que se ocupan de los problemas que no pueden esperar en el corto plazo y marcar una línea política que proponga algo más que decir que lo que le dejaron estaba mal. También sería importante que estos cambios tengan una idea de fondo, un plan, un proyecto; sino es posible que la realidad lo supere y ahí, justo ahí, es donde pierde la mayoría y ganan unos pocos vivos.