No es una novedad que una gran parte de los argentinos conviven a diario con la doble moral, por lo tanto no debería generar ninguna sorpresa que la dirigencia política o institucional tenga el mismo vicio. ¿Cómo sería esta doble moral?, con pocos ejemplos se puede demostrar, una persona respetable de la sociedad, buen vecino, reconocido profesional y gran padre de familia, detrás de su discurso pomposo y moralista esconde ser un gran evasor impositivo, o tiene a sus empleados en negro. Muy común. Otro ejemplo y ya trasladado a la actualidad y con nombres propios, el de de Lázaro Báez y Ángelo Calcaterra. Desde el nuevo gobierno se marca constantemente a Báez como el emblema de la corrupción y al principio todo parecía claro, sin embargo el bueno de Lázaro recupero la memoria y recordó que el primo de MM también era un gran beneficiario del negocio de la obra publica Argentina. Es más la familia Macri amasó gran parte de su fortuna por “acuerdos con gobiernos de turno” y por olvidar pagar impuestos como en el gobierno de Carlos Menem. La situación no cambia demasiado con Cristóbal López y Daniel Angelici, los dos están en el negocio del juego, los dos están sospechados uno es K y el otro es amarillo, ahora bien a la hora de los negocios son iguales. Esta igualación de lo desigual esta poniendo en problemas al gobierno y a todo Cambiemos. El problema nuevamente es el doble discurso, ese discurso que habla de lo nuevo pero esconde métodos viejos, que no se aleja del doble discurso del hombre común, el mismo que le exige transparencia a la justicia y festeja la viveza criolla. Sin embargo estas cuestiones aparecen y hacen ruido cuando la economía no acompaña, cuando no hay respuestas y el dinero no alcanza, no son pocos los padres que cambiaron a sus hijos de colegio, muchos pequeños empresarios trabajan jornada simple y no pagan más horas extras porque no le dan los números. Ruido mucho ruido y pocas respuestas. Mientras tanto Barbie Vélez se pelea con Fede Bal, Rial deja la radio para cuidar a su hija y vuelve Tinelli, pan y circo. No se discute el fondo de la cuestión tal vez porque la doble moral genera dudas y nadie sepa si puede tirar la primera piedra.