En los últimos días el Presidente de la Nación Mauricio Macri, informó a la población que 1 de cada 3 argentinos es pobre. Esta afirmación calo hondo en la mayoría de los ciudadanos, sin embargo para muchos esto es simplemente una cifra, un dato estadístico. No importa si la culpa es de Macri o de los K, de Menem, Alfonsín, De la Rúa o los gobiernos militares, lo que si debería importar es que un país como Argentina, que tiene riquezas y que produce alimentos como pasto no pueda erradicar el hambre. Es inmoral que un país que produce alimentos para quinientos millones de personas no pueda darle de comer a poco más de cuarenta y cinco millones. Es el momento en que la dirigencia política discuta cuestiones importantes y se ocupe de ellas, hay mucha gente que no puede esperar y ve por televisión que quienes los representan debaten temas que a ellos no les cambia la vida, es más que ni siquiera les interesan. Esta hoguera de las vanidades en la que se ha convertido la política argentina discute sus miserias, sus cargos, sus sectores de poder, y se esta llegando a un punto en el que se banaliza la pobreza y no precisamente porque tengamos dirigentes como Hannah Arendt, ni siquiera cerca. Esta semana Macri anunció que hay un tercio de la población pobre, pero la política discutió de blanqueo de capitales, de paridad de cargos, de grandes reuniones con más de mil intendentes de todo el país, sin embargo la mayoría no se detuvo a pensar que los pobres no blanquean capitales, que no les interesa la paridad de genero y mucho menos consideran productivo que más de mil dirigentes se junten sin sacar una sola conclusión. Los sectores más postergados no pueden esperar, es necesario que los dirigentes se pongan los pantalones largos y se ocupen de la pobreza, para eso hay que dejar de mirar el problema como un dato estadístico y entender que el hambre, por lo menos en este país, es inmoral.