Síndrome metabólico y metformina: impacto simultáneo en huesos y arterias

“El objetivo de nuestra investigación es entender cómo el estrés metabólico afecta en paralelo al hueso y al sistema vascular, y cuáles son los mecanismos biológicos que explican esa relación”, detalló el director del laboratorio, Dr. Antonio McCarthy, quien además es el actual presidente de la Asociación Argentina de Osteología y Metabolismo Mineral (AAOMM). En esa línea, el equipo analiza particularmente el papel de ciertas moléculas llamadas AGEs, que se acumulan en el organismo en contextos de exceso de azúcar y alteran funciones celulares clave.


El síndrome metabólico (SM) y la diabetes tipo 2 (DM2) son trastornos metabólicos crónicos íntimamente relacionados, impulsados principalmente por la obesidad visceral y la resistencia a la insulina. La resistencia a la insulina ocurre cuando las células del organismo dejan de responder de manera adecuada a esta hormona, lo que provoca una serie de desequilibrios en el metabolismo. Como consecuencia, se ven afectados distintos sistemas del cuerpo. En conjunto, estas condiciones aumentan significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares, infartos y muerte prematura.

Además, el síndrome metabólico no solo constituye un problema en sí mismo, sino que también multiplica el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 a futuro. Ambas patologías comparten factores de riesgo, como el sedentarismo y la mala alimentación y generan un estado de inflamación crónica de bajo grado, hiperglucemia y alteraciones en los lípidos sanguíneos. Con el paso del tiempo, estos procesos pueden derivar en complicaciones como enfermedad renal, alteraciones visuales, neuropatías y trastornos osteoarticulares.

En este contexto, uno de los focos del equipo del LIOMM está puesto en los productos de glicación avanzada (AGEs), estructuras químicas que se forman por el exceso de azúcares y que modifican de manera irreversible proteínas del organismo. Estas moléculas no solo alteran directamente la función de los tejidos donde se acumulan, sino que también activan receptores específicos —denominados RAGE— presentes en numerosas células, desencadenando respuestas que contribuyen al daño progresivo de distintos órganos.
Modelo animal

A través de estudios experimentales, el grupo de investigación logró recrear en modelos animales condiciones comparables al síndrome metabólico humano. “Encontramos que un modelo experimental basado en el consumo de fructosa, en niveles similares a los de una bebida azucarada, induce rápidamente alteraciones metabólicas como hipertensión, alteraciones en los lípidos, aumento de la adiposidad visceral y resistencia a la insulina”, señaló McCarthy. Este enfoque permite observar de manera controlada cómo se desarrollan las complicaciones asociadas a estas patologías.

Con el tiempo, este modelo evidenció efectos más profundos: alteraciones tanto en los huesos como en las arterias. En el tejido óseo, se detectó acumulación de AGEs en el colágeno, lo que reduce la capacidad de formación y reparación del hueso, aumentando su fragilidad. En paralelo, en arterias como la aorta se observaron cambios estructurales importantes, como la pérdida de elasticidad y la acumulación de estas mismas moléculas en componentes clave de la pared vascular.

“En nuestro modelo, pudimos comprobar que los AGEs no solo se acumulan en la pared de la aorta, sino que además activan mecanismos celulares que cambian a las células musculares vasculares en un tipo de células con comportamiento similar al del tejido óseo, favoreciendo la calcificación de las arterias”, explicó el director del LIOMM. Este fenómeno contribuye al endurecimiento vascular y al aumento del riesgo cardiovascular.

Uno de los hallazgos más relevantes del equipo es la confirmación de una relación inversa entre ambos procesos: mientras los huesos pierden densidad y calidad, las arterias se calcifican progresivamente. “Hemos podido reproducir de manera precoz la relación recíproca e inversa entre la calcificación ósea y vascular que se observa en pacientes con diabetes tipo 2, identificando además posibles mecanismos involucrados”, agregó el científico de la UNLP.

Efecto protector de la metformina

En paralelo, los investigadores analizaron el efecto de la metformina, un fármaco ampliamente utilizado en el tratamiento de la diabetes tipo 2, y también cada vez más para personas con síndrome metabólico. Los resultados obtenidos en el LIOMM indican que, además de mejorar los parámetros metabólicos alterados por el consumo de fructosa, este medicamento podría tener un rol protector adicional.

“Observamos que la metformina es capaz de prevenir la acumulación de AGEs en hueso y aorta, evitando tanto la osteopatía como las primeras etapas de la arterioesclerosis en nuestro modelo experimental”, detalló McCarthy. Este hallazgo refuerza la hipótesis de que ciertos tratamientos podrían actuar sobre múltiples complicaciones del síndrome metabólico de manera simultánea.

No obstante, desde el equipo subrayan la importancia de interpretar estos resultados con cautela. “Se debe tener mucha precaución antes de extrapolar la investigación básica a la práctica clínica, aunque nuestros resultados coinciden con numerosos estudios en humanos que muestran mayor fragilidad ósea y aumento de calcificaciones arteriales en personas con síndrome metabólico, así como efectos beneficiosos en pacientes tratados con metformina”, adviertió el investigador.

En este sentido, el trabajo del LIOMM también pone en valor el concepto de “repurposing” o reutilización de fármacos, una estrategia que busca encontrar nuevos usos para medicamentos ya existentes. En el caso de la metformina, su bajo costo, su amplio uso clínico y su perfil de seguridad la convierten en una candidata especialmente atractiva para este tipo de abordajes.

La investigación desarrollada en la UNLP, además de aportar evidencia sobre los efectos sistémicos del síndrome metabólico, contribuye a una mirada integral de estas patologías, que suelen abordarse de manera fragmentada. Entender cómo interactúan los distintos sistemas del organismo frente a un mismo trastorno resulta clave para diseñar estrategias de prevención y tratamiento más efectivas.

En un escenario global donde las enfermedades metabólicas continúan en aumento, este tipo de estudios cobra especial relevancia. El aporte del LIOMM-UNLP permite avanzar en la comprensión de procesos complejos que afectan a millones de personas, y posiciona a la investigación pública como un actor central en la generación de conocimiento con impacto en la salud.