El Niño es un fenómeno climático natural que causa alteraciones en todo el mundo. Ocurre con una frecuencia de entre 2 y 7 años, y provoca un aumento de la temperatura global. Con una probabilidad del 63% se espera que el evento sea muy fuerte entre los meses de noviembre y enero. Caterina Basso, Licenciada en Meteorología y Ciencias de la Atmósfera por la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, analiza el último pronóstico en base a los datos del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.
El Niño-Oscilación Sur (ENSO, por sus siglas en inglés) es un fenómeno natural del océano y de la atmósfera que se caracteriza por la variación entre las temperaturas del océano Pacífico tropical central y del océano Pacífico tropical occidental. Estas variaciones modifican la circulación de la atmósfera y tienen una gran influencia en las condiciones climáticas de diversas partes del mundo.
En condiciones normales, los vientos alisios (vientos del este característicos de la región), favorecen aguas superficiales más cálidas hacia la región de Indonesia y Australia. Como consecuencia, las costas de Perú y Ecuador se caracterizan por ser aguas frías cargadas de nutrientes; lo cual es positivo, por ejemplo, para el desarrollo de la pesca.
El Niño y la Niña
El ENSO, en condiciones anormales, se caracteriza por dos fases diferentes: El Niño y La Niña. En el Niño, los vientos alisios soplan con menos fuerza y, por lo tanto, agua más cálida comienza a acumularse en el Pacífico central extendiéndose hacia las costas de Perú. Si este calentamiento del océano persiste durante varios meses, la atmósfera comienza a responder modificando la circulación existente y, como consecuencia, se desarrolla la fase El Niño.
El ciclo de este fenómeno inicia a fines del invierno o principios de la primavera austral, alcanzando un pico de intensidad durante los meses de verano. Luego, se da un decaimiento de la intensidad durante el otoño.
¿Pero por qué nos interesa un fenómeno que ocurre en el Océano Pacífico ecuatorial?
Porque estas anomalías de temperatura en el ecuador generan ondas atmosféricas planetarias que viajan miles de kilómetros y provocan cambios en los valores de temperatura y precipitación en casi todo el globo (lo que denominamos teleconexiones).
Es por esto que, por ejemplo, en regiones como Asia, Australia y África se producen intensas sequías acompañadas de un aumento en la temperatura.
En contraste, durante un evento El Niño, en el sureste de Sudamérica se observa un aumento en las precipitaciones que, en algunos casos, pueden derivar en la ocurrencia de inundaciones como consecuencia de precipitaciones extremas; además se registran temperaturas más elevadas respecto a lo normal. No obstante, es fundamental tener presente que el impacto en la intensidad de precipitaciones no es el mismo en toda la región, ni siquiera en las diferentes provincias de Argentina. Mientras que en la región este-noreste del país pueden darse precipitaciones que superan la media, otras regiones pueden no experimentar cambios.
Un Niño muy variable
Existe una gran variabilidad entre los distintos eventos de El Niño, lo cual resulta en grandes diferencias en la intensidad de las precipitaciones esperadas. Por lo tanto, la intensidad del evento El Niño en el Pacífico no se traduce de forma lineal en su impacto local. Un evento que se clasifica como “moderado” en los valores, puede interactuar con otros fenómenos atmosféricos provocando inundaciones tan severas como las de un Niño extremo, o también puede presentar precipitaciones comparables a las de un evento leve.
Dicha variabilidad entre los eventos El Niño puede estar relacionada no sólo con las características particulares con que se presenta cada uno de estos eventos sino también con la combinación de este forzante con otros forzantes que también influyen en el régimen de precipitación, tales como el Modo Anular del Sur o el Dipolo del Océano Índico (ambos con dos fases diferenciadas). Las diversas combinaciones entre las fases de estos forzantes generan diferencias en los valores de precipitación e incluso variabilidad en la intensidad de eventos extremos.
¿Cuál es el pronóstico para este año?
Según el Informe de Diagnóstico del ENSO, publicado por el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) a principio de junio, las condiciones de El Niño se encuentran presentes desde el mes de mayo y se espera que se intensifiquen en los próximos meses, persistiendo durante el verano del hemisferio sur.
Según el promedio de los diferentes modelos que se utilizan para realizar estos pronósticos, El Niño debería alcanzar su punto máximo entre finales del 2026 y principios del 2027. Se determinó una probabilidad del 63% de que el evento sea muy fuerte entre los meses de noviembre y enero. En caso de que esto suceda así, lo situaría entre los eventos más intensos del último tiempo.
Últimamente es frecuente ver en los titulares la expresión “un Súper Niño”. En meteorología no utilizamos ese término, sino que nos referimos a un evento de categoría extrema. Esta clasificación se alcanza cuando el índice utilizado para realizar el pronóstico corresponde a un valor igual o superior a 2.0°C, un umbral que se ha alcanzado en las temporadas de 1982/83, 1997/98 y 2015/16.
A modo de ejemplo, durante los eventos de 1997/98 y 2015/16 se presentaron condiciones de El Niño extremo que hacían prever precipitaciones superiores a la media. En 1997 el fenómeno se combinó con la ocurrencia de una fase positiva del Dipolo del Océano Índico, potenciando las precipitaciones más allá de lo esperado durante un evento de El Niño extremo. Por el contrario, en enero de 2016 el evento extremo ocurrió en simultáneo con una fase positiva del Modo Anular del Sur, lo que inhibió las precipitaciones convirtiéndose en un enero seco. Es por esto que este año no se tiene por qué replicar lo ocurrido en esos tres períodos históricos, ya que, como se mencionó antes, el comportamiento de las precipitaciones no es el mismo en todos los casos.
Por lo tanto, como consecuencia del complejo comportamiento del ENSO resulta indispensable preocuparse – y ocuparse – no sólo del pronóstico del ENSO sino también cómo este fenómeno se combina con la ocurrencia de otros forzantes. Sólo a través de esta mirada integrada los sectores relacionados con la toma de decisión pueden diseñar estrategias realmente efectivas.